PADMASANA

PADMASANA


Padmasana
es considerada una postura arquetípica del yoga, el acomodo de las manos y los pies nos sugieren la silueta de una flor de loto.

Representada en un gran número de culturas, El loto o Padma en sánscrito ha simbolizado distintos estados como la iluminación, el desapego, el renacer cósmico, la pureza, la belleza, y la abundancia material y espiritual.

No hay un registro exacto de cuando surge esta postura, en los Yoga Sutras de Patanjali (alrededor del 200 D.C.) Solo se habla de  la importancia de practicar una postura sentada “firme y cómoda” para facilitar el fin último del yoga q es la auto realización.

Un par de siglos después en una de las más antiguas interpretaciones de estos aforismos, El sabio Vyasa (aprox en el 400 D.C.) hace referencia a esta postura entre otras 11 cuyas facilitan la meditación y el pranayama.

Es hasta El Hatha Yoga Pradipika (siglo XV) considerado la primer escritura que habla sobre hacer posturas físicas que tienen repercusión y beneficios en la salud que se menciona el loto como “El destructor de la enfermedad” enumerando los múltiples beneficios físicos y energéticos que ofrece esta postura.

De acuerdo al Pradipika en Padmasana se presionan varios puntos de acupresión en el estomago, vesícula biliar, riñones, bazo, e hígado. Produciendo cambios en la estructura metabólica y patrones mentales, ayudando a crear el balance en todo el sistema.

En el Gheranda Samhita y el Shiva Samhita se menciona Padmasana como una postura q deberá ser realizada para el pranayama. (Estas tres escrituras son reconocidas como los textos más antiguos del hatha yoga clásico) El Gheranda Samhita instruye al practicante a sentarse en padmasana sobre el pasto, una cobija, la piel de un animal, o la tierra enfocando al este o al norte.

El Shiva Samhita dice “Cuando el yogui está sentado en loto, deja la tierra y permanece firme en el aire, deberá saber que ha alcanzado la maestría en vida-respiración cuál destruye la obscuridad del mundo”

Esta postura eleva la circulación en las lumbares, nutre y tonifica los órganos abdominales, fortalece los tobillos y piernas e incrementa la flexibilidad en la cadera. Estimula los nervios del sacro, activando el sistema  parasimpático.

Energéticamente nos ayuda a enraizarnos y entrar en un estado de paz.

Por: Fredel Cojab



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