Yoga: Herramienta de transformación

Yoga: Herramienta de transformación

Cuando pensamos en el aspecto físico del Yoga, es importante recordar que, aunque son evidentes los beneficios físicos que nos produce, el verdadero propósito de la práctica es generar y transformar nuestra energía. Las posturas (ásanas) deben convertirse en instrumentos para explorar nuestra relación con nosotros mismos a nivel psicológico, así como con nuestro entorno. La verdadera esencia que buscamos en yoga es la conciencia, la capacidad de observar cómo nos relacionamos con los límites y fronteras físicas, mentales y emocionales y el propósito de la práctica es utilizar al físico como una metáfora de lo demás. Nuestra verdadera perspectiva debe ser: usar las asanas para abrir al cuerpo, en lugar de usar al cuerpo para obtener la postura. Saber poner el énfasis es el proceso más que el progreso., ya que nuestra prioridad debe estar en cuidar la calidad de nuestra mente y de toda nuestra energía, durante la práctica. Al realizar nuestro trabajo corporal y energético en general, debemos establecer un balance entre el control y la entrega, entre la acción y la receptividad, entre la inhalación y la exhalación. Es interesante descubrir que la mente se cansa mucho antes de que el cuerpo lo haga.

Otro importante aspecto a respetar, es el hecho de que todo en la vida es cíclico, incluyendo nuestra experiencia de yoga. Entendido con claridad, descubrimos que la vida es un juego entre la necesidad de transformación y la resistencia al cambio. Los hábitos y el condicionamiento son necesarios en una gran medida, ya que a través de ellos se produce el proceso de individuación. Sin embargo, cuando estos son muy rígidos, dejamos de ver las múltiples y nuevas opciones que tenemos, y por lo tanto perdemos la capacidad de responder plena y verdaderamente ante el presente. Dejamos de actuar con la frescura que se requiere ante esos momentos y circunstancias únicas e irrepetibles. En general, nuestras acciones están dictadas en buena medida por la inseguridad, la avaricia y la falta de atención. La consecuencia de ello resulta en lastimaduras, tanto físicas, como morales, ya sea cuando hacemos yoga o cuando actuamos en el resto de nuestra vida. Para cambiar lo que se requiere cambiar, necesitamos un alto nivel de sensibilidad y de permitir que se dé la retroalimentación del medio ambiente, ya que la tendencia natural del ser humano es a la entropía, es decir a cerrarnos. Cuando hay conciencia plena empezamos a abrir los diversos sistemas del cuerpo y por medio de la intención podemos energetizarlos.

Nuestra práctica requiere un buen equilibrio entre la técnica y la auto-expresión creativa. Si hay conciencia y enfoque, sabemos:

  • Usar a la respiración inteligentemente.
  • Escuchar los mensajes de nuestro cuerpo.
  • Limpiar la calidad de nuestra energía.
  • Afinar la precisión y acceder a la profundidad.
  • Refinar la calidad de nuestra atención misma.

La conexión verdadera no es otra cosa que la atención expandida, cuya amplitud de espectro ayuda a soltar el control y a descubrir el enfoque dirigido. El uso apropiado de la respiración implica gracia y sensualidad en movimiento. Esta experiencia es imposible si la mente está teniendo el control. Saber usar la respiración es un verdadero arte, ya que no sólo implica acordarse de respirar mientras practicamos, sino realmente ser capaces de entretejer rítmicamente nuestra respiración con el movimiento, y hacer que el cuerpo baile con ella. Cuando eso sucede, la mente no puede entregarse a otros procesos, desaparece por unos momentos la intelectualización, y entonces accedemos a otro estado de conciencia. La experiencia de yoga deja de ser teoría y se vuelve vivencia.

El gran reto de nuestra práctica es jugar con el rango de nuestra flexibilidad, de nuestra fuerza e incluso nuestro manejo del equilibrio. Esos territorios tienen fronteras a las que llegamos y tenemos que decidir qué hacer con ellas. A veces al llegar ahí, invadimos el umbral hasta sentir dolor, otras veces el miedo de lo que podemos sentir no nos deja llegar muy lejos. Para trabajar con la frontera de las posturas es importante descubrir ese punto de intensidad que antecede al dolor, pero que no es dolor en sí mismo, tomando en consideración que esa frontera cambia de día a día, y de respiración a respiración. No necesariamente avanza siempre, a veces se retrae, y en esos momentos es cuando resulta tan importante mantenerse atento ya que psicológicamente siempre resulta más fácil progresar que dar marcha atrás.

El reto radica en descubrir que lo que más trabajo nos cuesta es estar presentes, ya que con frecuencia hay una desconexión con nosotros mismos, por lo mismo no estamos ahí y atentos mientras nos aproximamos a esa frontera, y sólo reconocemos las sensaciones cuando son “dolorosas” o “extremas”. Otras veces, las experiencias previas nos impiden acercarnos a ese punto, y nos vamos quedamos alejados de la sensación debido al miedo y a la resistencia. Una buena práctica es acercarse a una primera frontera, detenerse unos instantes y permitir aclimatarnos a las sensaciones, realinear nuestro cuerpo, conscientes de nuestra respiración y de la posibilidad de profundizar. En la medida que toques esas fronteras previas sensualmente y con delicadeza, descubrirás que la frontera final de cada día será más profunda y a la vez placentera. Cuando tenemos esta cautela, podemos reconocer nuestros miedos y nuestra ambición, podremos descubrir áreas de nuestro cuerpo que se sienten bloqueadas y otras que se sentirán más vitales. Esta misma cautela nos ayuda a descubrir la relación que podemos establecer entre el alineamiento interno y el externo, y así despertar nuestra inteligencia corporal.

La naturaleza de la mente es identificarse consigo misma, por lo mismo es tanta la resistencia al cambio, y nos cuesta modificar nuestros hábitos y estilo de vida. La mente generalmente busca la gratificación inmediata. La autodestrucción siempre está acompañada de poner por encima de todo el placer instantáneo, aún cuando reconozcamos que eso que estamos hacíéndo, puede causarnos daño y dolor a largo plazo.

El yoga describe esto como la identificación con lo impermanente. Sin embargo, cuando descubrimos nuestros miedos, o nuestra ambición no es necesario tener una actitud moralista y decidir que de lo que se trata es de eliminarlos radicalmente, sino de ser capaces de hacerlos a un lado y continuar practicando. El miedo y la ambición no son otra cosa que energías que nos impiden el paso, y lo que necesitamos es, día a día, transformarlas, más que eliminarlas. El condicionamiento a nivel corporal, reduce el rango de movimiento, de igual manera que su contraparte, que son los hábitos mentales, reducen nuestras posibilidades en los demás planos. Tres son las condiciones que pueden afectar nuestra práctica de yoga:

  • Lo que recordamos del pasado (experiencias de dolor o incomodidad).
  • Las expectativas (ya sean mayores o menores a nuestras posibilidades).
  • La búsqueda de una gratificación inmediata.
  • La verdadera evolución consiste en movernos hacia formas de mayor complejidad y a la vez de adaptabilidad, desarrollar mayor sensibilidad hacia la vida y madurar en la dirección de ampliar nuestro espectro de conciencia, de tal manera que seamos capaces de comprender más fenómenos y de incluir más posibilidades.


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