¿Cómo cultivar la contemplación?

¿Cómo cultivar la contemplación?

¿Qué es contemplar? ¿Cómo se distingue de mirar u observar? Te voy a acercar un poquito a la experiencia: ¿Has mirado algo que te ha dejado estático, con una sensación de no tener palabras para describir? Esto podría ser una obra de arte o alguna muestra de la naturaleza. Si puedes detectar algún momento semejante, trata de recordar tu estado mental, el flujo de tu respiración…

Quien contempla, mira, escucha, huele, degusta y toca distinto. En el acto, quedan relegadas toda memoria y preconcepción acerca de lo que se está percibiendo. Entonces, lo que es percibido devuelve a la persona una imagen más pura de sí, al carecer de los filtros de la razón y las emociones que a menudo “opacan” nuestra apreciación.

Ahora, parecería sobrehumano percibir así todo el tiempo, pero la contemplación puede darse repentinamente, sin aviso alguno, y es así como llegamos a conocer. Incluso, es posible entrenar a la mente para contemplar a voluntad, y es en este punto dónde vale la pena detenerse.

Para construir el hábito de contemplar, hay que primero entender que la contemplación no es estática; uno puede estar en acción mientras contempla; puede vivir en la cotidianidad. La diferencia aquí es que la cotidianidad va a devolver distinto: será más rica, colorida y vívida, de tal manera que el contemplador actuará con consistencia y precisión, pues no habrá espacio para la especulación y conjetura; sus emociones se mantendrán ecuánimes, su mente en paz.

¿Y cómo cultivamos la contemplación?
Sugiero comenzar con observar un objeto. Mientras lo haces, poco a poco despójate de los atributos que automáticamente le adjudicas. Por ejemplo: si observas una manzana, ve retirando tus conocimientos y experiencias previas acerca de ella, a saber, que es roja, redonda, crujiente, jugosa y que sabe dulce. Obsérvala por lo que es, sin la intervención de tu interpretación, sólo obsérvala. Deja que ella te muestre su esencia. Ahora, observa tu estado mental, ¿ha cambiado algo?

Esto lo puedes practicar con cualquier objeto e incluso irlo incorporando a tus actividades de tu día a día. Por ejemplo, mientras comes, ¿eres capaz de percibir con tus papilas gustativas la experiencia pura del alimento, sin la intervención de lo que ya sabes de él (si engorda, si cae mal al estómago, si satisface rápido, etc.)? ¿Podrás sólo comerlo como si estuvieses probándolo por primera vez? ¿Podrá ser nueva la experiencia cada vez?

Habituarnos a este tipo de percepción, con el tiempo va moldeando nuestra perspectiva hacia el mundo. Un cambio de perspectiva siempre es refrescante, motivante… abre posibilidades y nos permite generar cambios significativos hacia nuestros entorno, hacia nuestro Ser.

¿A caso no podrá ser que el mundo fue creado para contemplarse?