De la enseñanza del yoga, el discípulo y el maestro

De la enseñanza del yoga, el discípulo y el maestro

Uno de los misterios que más causa confusión en los practicantes de yoga en Occidente es el llamado “principio del Guru”, es decir, la relación que se establece entre quién practica yoga y quién imparte enseñanza. Muchas veces esta interacción no es sencilla y en algunos casos se ha malinterpretado. Sin embargo, lo que sí es un hecho indiscutible es que el yoga debe aprenderse de un maestro.

El encuentro con mi primer Guru fue en 1994. Nunca antes había practicado yoga. Tenía la idea de gente vestida de blanco con turbante haciendo posturas raras y contorsionando su cuerpo. De hecho, acudí a un ashram con ropa deportiva (venía de jugar tenis) y cuando entré me pidieron que me quitara los zapatos y me sentara en el piso. Fue entonces cuando llegó ella para dirigir una práctica de meditación. Nunca antes había meditado pero en esa ocasión entré un profundo estado meditativo que marcaría mi vida.

Esta experiencia iniciaría mi camino en el yoga. Desde entonces he reflexionado sobre los factores elementales que nos ayudan a entender esta filosofía de vida. En primer lugar, estamos nosotros como discípulos. Luego el maestro, el Guru, aquél que te lleva de la oscuridad a la luz. Y en tercer lugar, algo que yo llamo gracia, esa energía que es difícil de explicar pero que hace que el encuentro con el maestro sea posible. Y aquí voy a citar dos anécdotas para ejemplificar estos conceptos.

Regresando al encuentro con mi primer Guru, allá en 1994, recuerdo perfectamente que iba camino a la universidad. El trayecto era largo así que uno tenía tiempo para pensar así que comencé a cuestionarme sobre el propósito de la vida y el por qué de nuestra existencia. No era que pasara por una situación difícil pero experimentaba una falta de respuestas. Pensé que, de regreso a la casa, le preguntaría a mi madre sobre unas clases de yoga que estaba tomando. No le había puesto mucha atención pero lo que estaba en mi cabeza era que deseaba acercarme al yoga. ¿Por qué? No lo sé. Simplemente lo sentía. Así que cuando llegó a la universidad, acudo al cubículo de mi maestra para entregarle una tarea y sobre su escritorio había un folleto con una flor de loto y la invitación para meditar y practicar yoga en un ashram. Le preguntó que si el folleto era de ella. Me dice que no tenía idea quién lo había puesto ahí pero que si me servía, ¡lo podía tomar! ¿Fue casualidad que ese día que necesitaba respuestas y que tenía un deseo de acercarme al yoga apareciera ese folleto en el escritorio de mi maestra? Yo no creo.

La segunda anécdota ocurre años después en el Encuentro Nacional de Yoga Adidas. Los maestros invitados eran David Life y Sharon Gannon, los fundadores de Jivamukti Yoga. Para ese entonces, comenzaba a practicar hatha y ashtanga. Había iniciado con mucho entusiasmo pero también me exigía demasiado. Quería dominar inmediatamente toda la Primera Serie y hacer las posturas más vistosas y espectaculares. Había frustración porque pensé que no obtenía los resultados que quería y comenzaron las lesiones. Fue entonces cuando en la clase con David Life, donde habíamos unos 300 practicantes, estábamos a punto de entrar a los serie de las extensiones hacia atrás. Yo no podía hacer arcos así que lo intenté con mucho esfuerzo. Cuando menos me di cuenta, David Life estaba conmigo. Me ayudó a entrar a mi primer arco completo y me dijo que: “Yoga is joy. Enjoy! (El yoga es dicha. ¡Disfruta!)”. Esa era la enseñanza que necesitaba recibir en ese preciso momento, del maestro adecuado.

En estas historias se pueden apreciar estos tres elementos. Por un lado, como discípulos siempre tenemos la posibilidad de elegir. Yo pude haber decidido tirar a la basura ese folleto o pude haberme negado a hacer un arco y quedarme en casa. Luego está el maestro, el Guru, quien te ayuda a entender los procesos por los que estás pasando y te guía a que tengas esa experiencia. Pero finalmente está la gracia, ese factor difícil de explicar pero que está ahí. Sin apelar a esta gracia yo no podría explicarme cómo llegó la información para acudir al ashram o por qué, entre 300 estudiantes, David Life se acercó a mí para decirme lo que tenía que escuchar en ese momento.

Cuando se conjugan estos tres factores y tienes la fortuna de encontrarte con un buen maestro, la magia del yoga surge. B.K.S. Iyengar, en su libro El árbol del yoga habla sobre la importancia del Guru y explica: “La relación entre profesor y alumno es como la existente entre marido y mujer y como la que hay entre padre e hijo. Se trata de una relación plena y compleja. Como en la relación entre marido y mujer, que es de cercanía, los profesores deben afanarse para que sus alumnos no se rindan, y ayudarles a lo largo de su práctica. Al mismo tiempo, al igual que entre un padre y su hijo ya crecido, si bien existe una relación, también hay un distanciamiento. La labor del profesor es proteger y guiar a los alumnos para que no abandonen la senda que han de andar. Y la labor del alumno es procurar mantener lo que le ha sido transmitido, a fin de no sucumbir a sus propias rémoras. Existe una vía de dos direcciones entre alumno y profesor que implica amor, admiración, devoción y dedicación”.

Así pues, si tienes un anhelo sincero de encontrar respuestas y has decidido que el yoga es un camino que quieres andar, mantén un corazón abierto y una mente atenta. El maestro seguro llegará.

Namasté
Daniel Mesino (Dan Sam) es maestro e instructor de yoga además de ser editor de libros. Su twitter es @omyogahoy