El esfuerzo correcto

El esfuerzo correcto

¿Para qué practicar yoga si a la menor provocación te rindes a tus emociones? ¿Vale la pena realizar uno, dos, diez, ciento ocho saludos al sol para que al terminar regreses a tus hábitos de juzgar y compararte con los demás? 

La respuesta es sí. Sí vale la pena seguir practicando. No dejes pasar más tiempo porque un día que no meditaste, que no te hiciste consciente de tu respiración, que hiciste caso omiso a lo que tu cuerpo necesita, es un día perdido. 

            Pero no te quedes ahí. Swami Shantananda, un investigador que se ha enfocado al estudio del Shivaísmo de Cachemira, enseña que para vivir en contentamiento es indispensable desarrollar una percepción clara y un entendimiento correcto de la experiencia.

            La práctica de posturas, los ejercicios de respiración, el alimentarnos conscientemente y el cultivo de la atención plena nos permiten desarrollar una percepción clara de la experiencia. Es decir, sin la salud mental, emocional y del cuerpo físico, será muy complicado percibir con claridad los fenómenos cambiantes del mundo que habitamos. 

            Swami Chinmayananda escribió en sus comentarios a la Bhagavad Guita que “Mind is man”, es decir, cómo es la mente, es el individuo. Una mente iracunda, percibirá al mundo como un lugar hostil y agresivo donde la ley del más fuerte es la que impera. Un cuerpo que adolece de migraña, gastritis, imposibilidad para conciliar el sueño, etcétera, percibirá al mundo como un lugar de enfermedad y sufrimiento. 

            Por otro lado, una mente en calma y serena verá al mundo con mayores posibilidades para tomar mejores decisiones desde una posición del testigo, consciente de que la realidad es cambiante.

            Y no se trata de evadirnos y simplemente habitar en un pensamiento positivo. El objetivo es no solo ver el árbol, sino el bosque completo. Un principio que siempre debes considerar es que todo está en constante transformación. Nada permanece estático. Todo surge, se sostiene y se transforma. Nacemos, crecemos y abandonamos este cuerpo físico. Lo mismo ocurre con las relaciones afectivas, los empleos, los bienes materiales, etcétera. 

            El sufrimiento surge de aferrarnos a que la realidad es estática. El “vivieron felices para siempre” de los cuentos de hadas no existe. Es más preciso afirmar: “Pasaron varios años de profundo entendimiento y complicidad, sorteando con gran asertividad los desafíos propios de un mundo en constante transformación”.

            Por eso, es fundamental añadir a la percepción clara, el entendimiento correcto de la experiencia. ¿Por qué pensamos lo que pensamos? ¿Por qué decimos lo que decimos? ¿Por qué actuamos de cierta manera y no de otra? Si nos mantenemos en simplemente desarrollar una percepción clara, no lograremos una transformación profunda de los hábitos que nos causan sufrimiento. 

            Y aquí viene el esfuerzo correcto. No abandones tu práctica, pero recuerda que la disminución del sufrimiento no está en dominar una postura, pararte de cabeza o terminar la primera serie del Ashtanga Yoga. Debes practicar Vichara, la indagación de la experiencia, para entender el funcionamiento de la mente. Primero a través de la observación que te brinda el estado de meditación. Swami Satyananda afirma que este estado es “el único momento en que no tenemos que hablar, ni oír, ni ver, ni reaccionar, y tenemos la posibilidad de sumergirnos en el silencio. Esto puedo ocurrir ahora o dentro de tres años, pero es en estos momentos sagrados de no mente donde puede tener lugar el reconocimiento directo de lo que somos”. 

            Después de consolidar una práctica de meditación debes practicar jñana yoga, el yoga del conocimiento. Lee y aprende a escuchar. Acércate a los libros que explican lo que ocurre en la mente. Busca la enseñanza de maestros que han recorrido el camino y logran abordar con claridad lo que ocurre en este proceso. 

            No malgastes tu tiempo. Esta experiencia que llamamos vida está en constante transformación. Desde que inhalamos nuestro primer aliento cuando salimos del útero materno hasta la última exhalación al abandonar este cuerpo físico, la vida no para de transformarse. Aplica el discernimiento y la indagación para hacerte consciente del esfuerzo correcto. 

¿Te hace sentido?

Por Daniel Mesino