El trabajo como fuente de felicidad

El trabajo como fuente de felicidad

Cuando se habla de yoga y trabajo, generalmente encontramos imágenes de personas en traje de oficina realizando alguna postura, profundamente concentradas y relajadas gracias a su práctica. Los discursos nos explican cómo la práctica de yoga nos ayuda a enfrentar mejor el estrés y a ser más productivos. Sin embargo, quiero compartirte que en mi caso no funcionó así en algunas etapas de mi vida. Por curioso que parezca, hubo un tiempo en el que la práctica de yoga, al conducirme hacia mi ser, me llevaba a contactar con una profunda frustración y tristeza, una intensa sensación de que mi trabajo estaba siendo una fuente de estrés, amargura, enfermedad y desdicha, a pesar de ayudarme a tener mis necesidades materiales resueltas. Me di cuenta que, independientemente de las habilidades que tengamos para relajarnos y ser felices, muchos tenemos la necesidad de sentir que nuestro trabajo es una fuente de realización personal y no sólo una fuente de ingresos. Tras mucho tiempo de cuestionarme, me decidí a abandonar esa forma de vida y actualmente soy un terapeuta independiente; mi trabajo se ha vuelto un manantial de felicidad al sentirme útil y creativo, donde incluso los desafíos a los cuales me enfrento, en vez de estresarme negativamente por no saber qué hacer, me ayudan a desarrollar nuevas habilidades y los agradezco de todo corazón. Por tal motivo, he decidido escribir esta nota dedicada a quienes sueñan con un cambio laboral que resuene más con su sentido de vida.

En los siguientes párrafos presento una tabla en donde compararé “El trabajo como manifestación del ser” con “El trabajo con el cual no me siento identificado”. En este último suele haber la sensación de no ser nosotros los que elegimos nuestra actividad: fue la suerte, nuestros padres, la oferta de empleo, un jefe que decide por nosotros actividades que no nos interesan o una clientela a la cual brindamos un producto o servicio con el cual no nos sentimos identificados. Valga resaltar, como seres en constante transformación, es normal que tras unos años deje de satisfacernos una actividad en la cual al principio éramos felices. ¿Deberías buscar recuperar la felicidad en ese trabajo o cambiarlo? Eso es una pregunta muy difícil, pero espero que el terminar de leer este artículo estés más cerca de resolverla. Ambas columnas están escritas en primera persona para que te preguntes de qué lado te identificas más. Sin más preámbulos ¡A darle!

El trabajo como manifestación del ser El trabajo con el cual no me siento identificado
Cuando brindo a los demás mi producto o servicio, el bienestar y la felicidad que ellos reciben lo experimento en mí mismo Trabajo para satisfacer necesidades ajenas a mí, ya sea porque un jefe me pide realizar actividades que no me interesan o porque el producto o servicio que ofrezco tampoco me interesa
El trabajo es algo que emerge desde mi interior, que integra mi ser. Me conozco a mí mismo, sé lo que quiero y lo que no quiero, lo que le da un sentido profundo a mi vida y actúo en consecuencia con ello El trabajo es algo externo a mí, algo que toma mi capacidad creativa para los fines que alguien más eligió. Al realizarlo, aprendo a silenciar la búsqueda por un sentido de vida, convirtiendo a ésta en una mera lucha sumisa por mi subsistencia
Es algo mío, representa la creación de mí mismo. Al realizarlo me transformo siendo cada vez más el ser que deseo ser No es mío, sino de alguien más, representa la pérdida de mí mismo. Al realizarlo me alejo del conocimiento de mí propio ser y me convierto en la herramienta de alguien más
Afirmo mi identidad y me conozco mejor a mí mismo Me niego a mí mismo: no importa si lo que hago me gusta o me convence, tengo que hacerlo
Afirmo mi gozo por la vida, me siento a gusto Afirmo que la vida es desagradable, me siento a disgusto
Desarrollo mis libres energías físicas y emocionales. Sentir que me realizo en mi trabajo desvanece la depresión y me hace sentir fuerte, integrado, feliz Mortifico mi cuerpo y mi espíritu. Siento que trabajar me hace daño, me enfermo con frecuencia y vivo enojado.
Soy yo mismo tanto en mi trabajo como fuera de él Siento que cuando trabajo soy alguien ajeno a mí mismo y sólo siento que soy yo mismo cuando estoy fuera de mi trabajo
Necesito trabajar para sentirme vivo, vivo para trabajar Necesito trabajar para sobrevivir, trabajo para vivir
Es la satisfacción de una necesidad existencial Satisfago necesidades extrañas a mí a cambio de satisfacer mis necesidades económicas
Busco ávidamente trabajar, no dejo de pensar en ello por la emoción y felicidad que me produce Huyo del trabajo como de la peste, deseo olvidar todo el malestar que me produce
Mi trabajo me hace libre y humano, lo cual no evita que disfrute cubrir mis necesidades básicas que, al unirse al resto, son también funciones humanas Mi trabajo me disminuye, por lo cual me satisfago con lo único que me brinda: la posibilidad de comprarme cosas. Entre más fuerte sea el estímulo de compra (más caro el producto, más lejos el viaje, etc.), más me ayuda a mitigar la depresión derivada de mi insatisfacción existencial.
Mi actividad es vivida como una actividad integral de mi ser, mi fuerza es una potencia creadora Mi actividad es vivida como una pasividad, mi fuerza es la impotencia de no tener otra opción, padezco la castración de mi propio ser

Hasta aquí esta dicotomía, sin embargo mi intención no es invitar a quienes se sintieron identificados con la segunda columna a abandonar sus trabajos de forma imprudente. Existen algunas variables que es indispensable tomar en cuenta para que no tengamos que arrepentirnos de nuestra decisión. Si deseas cambiar de actividad, respóndete estas preguntas.
¿Me conozco a mí mismo lo suficiente? ¿Domino ya una actividad que pueda manifestar mi pasión por la vida? Hace unos años platicaba de estos mismos temas con la gerente de una sucursal de una famosa empresa de papelerías y artículos para oficina. Ella me narraba que, cansada por la mala relación que tenía con sus padres, dejó el bachillerato y entró a trabajar en esa empresa a los 17 años, escalando puestos hasta llegar a este punto; todo parecía indicar que seguiría subiendo en la escala jerárquica, pero me confesaba ciertamente desesperada que no era feliz y que para colmo de males ni siquiera conocía otro oficio que le atrajese.

Notoriamente, esta persona está en una situación distinta a quien ya estudió una carrera que le apasiona y que sólo se desvió unos años del camino por motivos económicos. La transición para el primer caso no es imposible, ya hablaré de cómo hacerla en los párrafos finales.

¿Cuántos años tengo? ¿Esta nueva actividad tiene un tiempo de vida laboral estrecha?
No es lo mismo descubrir que lo que a ti te apasiona en la vida es el fútbol o el boxeo cuando eres niño o adolescente que cuando dejaste muy atrás esa etapa. De la misma manera, muchas profesiones tienen un tiempo de vida laboral breve, por lo cual puede no ser una excelente idea que te decidas a cambiar de profesión cuando ya estás cerca o haz rebasado dicha edad. Si te planteas que tu nueva actividad sea instructor o instructora de yoga, te recomiendo leer el artículo que ya escribí sobre el tiempo de vida laboral (https://www.yoga.com.mx/yoga/articulos/el-tiempo-de-vida-laboral), a fin de que tomes en cuenta que algún día necesitarás retirarte y sepas que es mejor iniciarte en este oficio siendo muy joven.

Además del tiempo de vida laboral, es necesario considerar que para ser económicamente estable en muchas de las profesiones independientes, es indispensable invertir varios años de dificultades, durante los cuales logras dominar tu oficio, encontrar tu propio estilo, adaptarte a las necesidades de tus clientes y hacerte de redes de contactos de colaboradores y clientes que te ayuden a sostenerte. Como ejemplo de ello, no es lo mismo intentar ser un cantante, pintor o fotógrafo exitoso empezando a esforzarse en ello en la adolescencia que pasando ya los 40 años.

¿Hay personas que dependen de mí económicamente?
Definitivamente, habrás de tomar las cosas con cautela en caso de que tengas dependientes económicos. Personalmente he visto los dos extremos: desde los que se niegan a trabajar en algo que no sea su decisión (la pintura, por ejemplo) a pesar de no poder sostener económicamente ni a sí mismos, menos aún a sus hijos; hasta los que reprimen su deseo de ser escritores y pasan una vida como comerciantes para que sus hijos puedan estudiar lo que ellos decidan. Mi opinión personal es que será una gran herencia para tus hijos el valor de vivir una vida llena de sentido, pero evolutivamente primero aparecieron las necesidades de supervivencia y después la capacidad de llenar de significado nuestra existencia. Aunque respeto profundamente a quienes tomaron la primera opción, yo creo que esa sensación de traicionarte a ti mismo vale la pena ser soportada si es por sostener a los hijos y que, en caso de evaluar con realismo que el cambio de actividad es demasiado riesgoso, puedes hacer mucho para tener una vida significativa aún teniendo un trabajo no ideal. En ese caso, puedes elegir que el yoga, en vez de ayudarte a contactar tu frustración e identificar sus causas, para impulsarte a cambiar de actividad, te ayude a aumentar tu tolerancia a la frustración, ayudándote a tener una vida más tranquila y saludable. En ese caso, te recomiendo leer mi artículo sobre la tolerancia a la frustración (https://yoga.com.mx/yoga/articulos/el-yoga-y-la-tolerancia-a-la-frustracion).

¿Tienes ahorrado un fondo para sostenerte?
En caso de que tu anhelo sea independizarte y no cambiar de empleo, es necesario que tomes en cuenta lo siguiente. Los primeros meses de iniciarte en un negocio independiente serán en números rojos, si todo va bien, los siguientes serán “tablas” (sin ganancia ni pérdida) e, idealmente, podrás continuar por muchos años más con una ganancia intermitente. Claro, a no ser que tu nuevo intento fracase rotundamente y debas pensar en otra alternativa. Lo recomendable es que antes de abandonar de lleno tu actividad actual, tengas ahorrado lo necesario para vivir durante los siguientes tres a seis meses.

Hacer planes de bajo riesgo
Mi recomendación es que, antes de cerrar de lleno tus puertas en el trabajo donde estás, busques ir abriendo las nuevas puertas de esta nueva opción. Es decir, que por unos cuantos meses o años hagas tu mayor esfuerzo por tener un doble empleo, de tal forma que, cuando tengas ya algo ahorrado, te sientas suficientemente capacitada o capacitado para tu nueva actividad, y que ya cuentas incluso con algunos clientes, sea entonces cuando des el gran paso.
Las posibilidades de cambiar de trabajo de forma exitosa dependerán de los elementos que mencionamos antes, entre muchos otros. Lo que yo te invito a hacer es luchar por tus sueños y buscar una vida plena de significado, de la sensación de liberar al máximo todo tu potencial por el bien tuyo y de la humanidad. El desafío es grande, el riesgo es alto, la satisfacción es inmensa. Vale la pena.

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Emiliano Olvera es lic. en psicología e instructor de yoga terapéutico
emilianoolvera@yahoo.com.mx