Enojo:

Enojo:

Una de las 5 emociones fundamentales del ser humano es el enojo.Y a mi parecer, está vinculado con el primer Yama del Yoga, que es Ahimsa, la no violencia. Vivimos en una cultura donde el enojo se polariza, y hay personas que catalogamos como “enojonas”, las que siempre se enojan, y hay personas que catalogamos como “bonachonas” las que nunca se enojan. Yo orgullosamente creía haber nacido bajo el auspicio de este segundo grupo, cómo si en mi hardware no hubieran puesto el programa de esta emoción -¡qué bueno, es taaan feo enojarse!!- Una manera de violentar las emociones es reprimiéndolas y no dejando que sean. Ahimsa, es aprender a no reprimir las emociones y a no actuar sobre ellas. Cuando me separé de mi pareja, empecé a darme cuenta de la cantidad de ira reprimida que ejercía conmigo misma, estaba enojada con la vida, enojada con mi perra Abba, enojada porque mi perfecto plan de vida caía a pedazos, porque enfrentarse al orden social con el nuevo nombre “divorciada” resultaba altamente violento para mi. Pero por sobre todo estaba furiosa con él, todos los malos atributos estaban de su lado, y sin querer, conforme pasaban los meses, en un auténtico fenómeno de proyección, el espejo de pronto se volteó hacia mi, reflejando la pésima relación que tenía conmigo misma.

Recuerdo que mi terapeuta, cuando reconocimos el enojo, me puso como tarea lijar un mueble, yo pasaba horas lijando, hasta dejar aquella superficie, lisita, suave, una vez que toda la energía salía a través de mis brazos, de mis manos, que quedaban adoloridos y temblando luego del esfuerzo, a través de mi exhalación, mi estado mental-emocional cambiaba y quedaba lisito, suave. Me di cuenta que, cómo toda emoción, el enojo es energía arremolinada, irreverente, cómo si del ombligo se tejiera un tornado que quiere arrasarlo todo, implotando en nuestros órganos internos, y manifestándose a través de cualquier “itis” gastritis, colitis, etc. Una de las prácticas tántricas tradicionales es aprender a sentir la energía pura de una emoción, sea enojo, tristeza, miedo, alegría o amor. En ese momento te paras, respiras, te enfocas en la emoción del cuerpo físico y la dejas ser, la dejas moverse. Porque sino las emociones reprimidas se estancan en el cuerpo físico y pueden desembocar en una enfermedad, en algún accidente o nos sabotean de alguna manera.

En realidad, en una separación nadie tiene la culpa, las dos partes tienen responsabilidades que, más tarde que temprano, hay que afrontar. El Yoga me permitió canalizar, a través de las asanas, el enojo. Procurando integrar a mi práctica más posturas lunares, que me permitían calmarme y serenarme, como supta badha konasana, o viparita karani; integrando también la respiración de citali pranayama, que enfría, o bien inhalaba y exhalaba sólo por mi fosa nasal izquierda, vaciando mi parte solar-masculina de cargas, de control, de culpa. Entendí que Ahimsa, es simplemente, la compasión misma. Es el aspecto femenino de la divinidad, de Dios. De manera cotidiana es observar cómo somos y cómo tratamos a los demás y cambiar conscientemente escogiendo lo que es más benéfico para uno mismo. El Yoga no es una aspirina, ni una forma de sublimar o ignorar emociones ni dolor físico, el Yoga nos sirve para detectar esas emociones y ese dolor, reconocerlo y, a partir de ahí, tratarnos con la mayor tolerancia, compasión y amor incondicional hacia uno mismo.

Una vez que toqué el fondo del dolor, del desapego absoluto a esa persona, del coraje y la ira de sentirme abandonada, fracasada y sola, lo único que quedaba era derrumbar la pared de ladrillos que yo misma me había construído, sacarme del cuarto donde yo sola me castigaba, y comenzar a ser capaz de reenamorarme de mi misma. Y ante mi se presentó entonces el vacío, ese que te produce vértigo en el vientre, ese que te hunde el ombligo hacia las vértebras, ese que paraliza tu respiración… y en ese punto justo es en donde hay que confiarse a la sabiduría superior, a un meta estado, a la parte que no controla tu libre albedrío, sino el destino. Y si, verdaderamente, cuando ya no puedes más, te rindes… entonces la sabiduría del Universo te regala las primeras pistas: las causalidades, y, poco a poco, elevando de nuevo tú frecuencia vibratoria, que no es la de tu expareja, sino la tuya nueva, recién desempacada, con una segunda oportunidad de renacer, te regala la sincronía, donde todo lo que tiene que aparecer para apoyar tu propósito de vida aparecerá puntual, mágica y perfectamente.

Creo que a 5 años de estar sola, he aprendido a llevarme mejor conmigo misma, me llevo mejor porque me exijo menos, trato de ser más tolerante cuando las cosas no salen según mis expectativas, soy más amorosa y compasiva con mi cuerpo, con mi templo, soy más comprensiva con mis emociones, trato de hacerles caso cuando están ocurriendo, y gracias a las letras, puedo drenar mis emociones para compartirlas y entender, que no estoy sola en el camino, que realmente caminamos hombro con hombro y que, a la vuelta de la esquina, se encuentra de nuevo el amor, sonriendo majestuosamente con un par de hoyitos en sus mejillas.