Hacer yoga no sirve

Hacer yoga no sirve

Puedes correr muy rápido

Tanto que el polvo del reclamo a penas se huele

Nadie te alcanza

Nadie realmente espera

Puedes correr muy lejos

Tanto que te pierdes en el horizonte del resentimiento

Nadie se acuerda

Nadie realmente importa

Puedes correr muy hábil

Tanto que mareas a cada uno de esos valientes

Nadie te conoce

Nadie realmente observa

Puedes construir murallas muy altas

Tanto que no sabes bajar de ellas

Nadie las escala

Nadie realmente llega

Puedes hundirte en un hoyo muy profundo

Tanto que no puedas salir

Nadie escucha

Nadie realmente rescata

Puedes tejer muy bien tu telaraña

Tanto que el laberinto de su seda enreda

Nadie la rompe

Nadie realmente desenreda

Solo tú podrás deshacer los nudos que enlazaste

Solo tú podrás tirar las navajas que amarraste

Solo tú puedes querida y valiente mía

Solo tú

Olvida ya los salvadores

Olvida a los conquistadores

Olvida ya los príncipes de colores

Despierta y enfrenta las historias que dejas

Despierta y perdona las fallas que cargas

Despierta y asombra con amnistía a aquellos que castigas

Deja de correr y regresa al silencio de la mente

Deja de correr y regresa a la paz del corazón

Deja de correr y regresa al ardor de tu presente.

10 de noviembre del 2018, las manos me dolían de tanto aplaudir, la voz se murió, el corazón prácticamente reventó. Así son las cosas durante las prácticas del Encuentro Nacional.

Son eventos esperados. Citas que se deben apartar en el calendario. Imperdibles momentos que se saborean durante un buen rato. Uno pensaría que todos la pasan inolvidablemente. Que en cada aula se desgarra el alma en la búsqueda del silencio. Pero no siempre es así, eso me queda muy claro.

“Hola gritón”, así me recibió mi hermanito vecino. Todos los aplausos y la alta vibración cayeron de sopetón. Hijole, que desastre! Puedo imaginar perfecto a todo el grupo de a lado, amarrados en algún pretzel, intentando encontrar el silencio interno a través del silencio externo, batallando entre sus propias fluctuaciones contra los aullidos del muegano soulero. Chale me cae que no está padre. Y lo entiendo perfecto. No lo justifico, pero lo entiendo.

Aquí en el “Soul” buscamos el silencio interno “no matter what”. Osea, andamos en la búsqueda del regreso a lo esencial, pero no en la cueva, sino en los caos citadinos. Todas las técnicas son válidas. Cada enseñanza es maravillosa, pues de alguna forma, por más extraña que sea, seguro ha guiado a varios a regresar a casa. Por eso, como Bora, “yo respeto”. Pues gracias a eso siempre encuentro nuevas semillas en lugares donde menos lo espero. Siempre hay algo nuevo por descubrir, algo diferente que aprender. Mantengo la mente abierta y el corazón lo entrego a cada maestro que me toca.

Trato de no perderme en mis propios choros o en los aplausos que enamoran, pero sobretodo no engancharme en los “haters” que siempre habrá. Nunca se sabe para quien se trabaja. A veces pensamos que la flaca voladora de enfrente está gozándola y será la próxima angel, pero da la casualidad de que no regresa. Y a veces pensamos que el viejito de atrás la sufre y odia como nadie, pero cada lunes ahí está su tapete sin falta.

Y es que yoga no sirve si no sirve para estar presente más allá de nuestra predilección, más allá de nuestro juicioso crítico. No sirve para nada si se desperdicia la experiencia en una foto de instagram o un vídeo del face. Yoga es una pérdida de tiempo si no nos trae la felicidad de despertar o la paz de la conciencia. Ni un solo chaturanga es útil si la fuerza no nos ayuda a levantar al prójimo caído de dolor o tristeza. La postura del árbol es ridícula si su equilibrio no nos enseña a balancear las emociones. Pararse de cabeza es peligroso si no aprendemos a voltear el mundo totalmente al revés. Meditar es pérdida de horas si sus minutos no nos llevan a comprender el sentido de la compasión. Los Sutras son montañas de ignorancia si su conocimiento no se traduce en sabiduría y nos divide entre veganos y humanos. Nada, absolutamente nada de lo que hagamos en el tapete y fuera de él sirve si desconectamos el corazón del alma.

 

Por Alejandro Quiyono