La Conciencia es Espacio

La Conciencia es Espacio

La conciencia cuerpo-mente, en un sentido amplio, nos ofrece tener la elección de despertar, y aunque podemos profundizar ampliamente en qué significa despertar, quisiera ahondar en el aspecto que comprende dejar de vivir en piloto automático. Para salir de ese modo automático, es necesario cultivar la capacidad de ser sensible a la diversidad de experiencias que nos presenta la vida cotidiana.

Nuestros hábitos son aquello que hemos elegido practicar, el problema es que en su mayoría, lo hemos hecho inconscientemente. Practicar y cultivar la conciencia, nos da la oportunidad de interiorizarnos y recogernos a nosotros mismos para encontrar flexibilidad en nuestro sentir, pensar y actuar.

Una de las cualidades mas exquisitas de la conciencia es que su naturaleza en sí misma, es expansiva, y justo, en esa expansión reside la curiosidad y el asombro, pero también, ahí mismo encontramos la pausa y el silencio.

En medio de toda nuestra intensidad cotidiana, es importante darnos tiempo para preguntarnos cómo estamos evolucionando, qué áreas de nuestra vida necesitan espacio, qué aspectos requieren de una mirada panorámica.

La presencia corporal nos permite cultivar una actitud de no juicio, sin embargo, eso no significa que en nuestra mente no aparezca el juicio, solo que nos volvemos mas conscientes de ello, y por lo mismo, decidimos no creer totalmente en lo que aparece en la superficie de nuestra mente.

En medio de nuestra vida cotidiana podemos cultivar y dejar que florezca una conciencia expansiva más potente, que nos permita reconocer estados de ser mas elevados, en los que podemos vernos a nosotros mismos y a los demás, con más benevolencia, mayor inteligencia, mayor efectividad, y más compasión.

La filosofía tántrica describe la potencia vibratoria de la conciencia como una energía fundamental que infunde un extraordinario potencial a la vida. Lo que nos rodea no es innerte, siempre permite que nos involucremos con conciencia, que nos impliquemos en la vida.

Cuando entramos en sintonía con ese potencial, entramos en alineamiento y en relación con la vida. Un espacio profundo se abre, y al entrar en él, encontramos un néctar de experiencias que nacen de la dimensión misma de nuestro maravilloso cuerpo-mente.

En la medida en que me sumergo en mi mismo, más descubro esas limitaciones que me bloquean y que me hacen olvidarme de la pausa y del espacio interior.

Es importante poder reconocer que cada uno de mis actos, cada una de mis palabras, cada una de mis decisiones influyen en la vida que me rodea.

Nuestros actos pueden ser realizados con presencia plena, o desde un lugar carente de interés.

Cuando traemos presencia a nuestros actos, en realidad, lo que estamos haciendo es permitir y favorecer el espacio que requerimos para leernos a nosotros mismos, para permitir que nos preguntemos en un instante, cuales son nuestras posibilidades de respuesta, para abrirnos a una escucha interior que podría, incluso, significar ver el sentido de ese encuentro que estamos teniendo con esa persona o esa circunstancia en particular.

Ser yogui comprende reconocernos a nosotros mismos como agentes de cambio, es por ello que se considera que al convertirnos en practicantes, asumimos vivir nuestra vida como sadhaka, es decir, aspirante, o adepto. Eso quiere decir que reconocemos el sentido de nuestra vida y el compromiso de contribuir al dharma universal. Ser yogui es ser responsable y la responsabilidad es una habilidad de respuesta que se cultiva, la cual va contrarestando la tendencia impulsiva de la reacción.

Te invito a confiar en el potencial que tiene, cada uno de tus actos para convertirte en protagonista activo de la vida, y de la transformación que deseas ver en el mundo. Contempla tu vida, toda ella, como un sendero de yoga.

 

Por Rosemary Atri

Especialista en Yoga como Terapia
Naturópata certificada en CCNH
Consultora Nutricional IIN
Educadora Somática registrada en ISMETA
Consteladora Familiar Certificada