La mente y los medios

La mente y los medios

Recién despiertas. Posiblemente el celular anda cerca de dónde estás. La primera reacción: levantarlo, prenderlo y mirar. Te sientas en tu escritorio y tu trabajo realmente empieza cuándo enciendes la computadora. Y, además del radio y el televisor es posible que llenes los espacios libres o de espera en el día activando cualquier aparato que te conecte en tiempo real con lo que suceda “allá afuera”.

De la misma manera, al tener accesibilidad total con el exterior, nos hemos vuelto accesibles para las demandas de dichos medios, respondiendo a cualquier hora y mientras desempeñamos cualquier tipo de labor.

Esta situación no es ni buena ni mala, simplemente es una realidad actual a la que hay que adaptarse inteligentemente.

La parte del Ser dónde la tecnología creciente ha afectado mayormente es la mente, y en específico la atención y la memoria. De instante a instante recibimos información, tanta y tan frecuente, que los mismos comunicadores han buscado la manera de publicar lo más breve, gráfico e impactante posible. Todo para captar la atención instantánea del espectador y dejar impregnada su memoria, aún cuando su atención será desviada en el siguiente milisegundo. ¿Cuánto puede uno retener?

La mente de entrada ya posee un mecanismo para filtrar información, adormeciendo o cancelando su respuesta ante ciertos estímulos. Es una protección natural ante el peligro de abrumarse. Desafortunadamente, en el proceso, la persona se va tornando cada vez más insensible y el impacto de los medios se tiene que volver cada vez más contundente y sofisticado. Y en todo esto, ¿dónde queda la captación de una sonrisa real, una comida exquisita o cualquiera de las bondades simples que ofrece la naturaleza?

Dentro de la tradición milenaria del Yoga existe una práctica llamada Pratyahara. Habitualmente traducida como “traer hacia dentro los sentidos”, es una de las ocho ramas de Ashtanga Yoga que forma parte de los Yoga Sutras de Patanjali. Su traducción literal es imprecisa hasta que se acaba por entender con la siguiente explicación yógica: Los sentidos (vista, oído, olfato, gusto, tacto) son llamados “indryas” o semi-deidades. Se les denomina así porque tienen el poder de “arrebatar” la atención del practicante hacia el estímulo, al punto de alejarlo de la captación objetiva de la verdadera forma de las cosas. El objetivo de Pratyahara es restarle poder a los sentidos para abrirles la puerta a la concentración, la meditación y la absopción completa (últimas 3 ramas).

Contrario a lo que se pensaría, Pratyahara, y a su vez la filosofía completa del Yoga, no busca negar los sentidos: eso equivaldría a la muerte física. En su lugar, apunta hacia un estado dónde la percepción se vuelve clara y nítida, como la del reflejo de la luna en un estanque que ha quedado completamente quieto. Para esto, se requiere del entrenamiento cabal y constante de la mente, a través de distintas prácticas, como seguimiento de preceptos, posturas, respiraciones y varias formas de meditación, para “aquietar” sus aguas.

Hoy más que nunca, se requiere de un punto de percepción no sólo fijo, sino neutro, libre de deseos, prejuicios e ilusiones, para recibir con completa objetividad la información masiva que se nos presenta día con día, ya que sólo así tendríamos la capacidad de discernir y entonces tomar las mejores decisiones para nosotros, la humanidad y todo lo que existe. Es tocar ese lugar de dónde nace la creatividad.

¿Considerarías Pratyahara en tu vida?

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