La práctica natural. Un cuidado percudido

La práctica natural. Un cuidado percudido

¿Cuál es la verdad?

¿El río
que fluye y pasa
donde el barco y el barquero
son también ondas del agua?

¿O este soñar del marino
siempre con ribera y ancla?
Antonio Machado

Hay un cierto aire de nueva conciencia hacia el mundo. Los discursos generales se tiñen de un verde tierra que pretende pacificar la pica que hemos dado al planeta desde hace tiempo. Un problema reside en que este discurso no advierte que el actor debe renunciar a su papel para encarnar el sentido de sus palabras. Hablar mecánicamente del cuidado al medio ambiente tiene una fase oculta: las palabras sirven para aplacar el maremoto de culpa de quienes las pronuncian. El discurso de protección al medio ambiente no altera la mirada del hombre y bajo el mismo viejo ángulo toda acción puede resultar superficial. Cuidar el entorno natural no puede ser un supuesto generalizado porque cada ser que lo puebla (por supuesto nosotros también), tiene el derecho a vivir libremente y con mérito a su propia existencia y no como un recurso de utilización para otro ser vivo. Es decir que lo primero que debemos considerar para cuidar de otro es al otro mismo. Por ejemplo, si decidimos socorrer a la preservación de los bosques, debemos saber si se trata más de defender un recurso de aprovechamiento humano que está en vías de extinción o de la plena responsabilidad ante un germen de vida que no debe ser arrebatado de su existencia.  Atender a otros por salvar nuestro propio recurso sigue siendo el mismo acto egoísta y ciego.
Ésta mirada ecológica, orgánica y consonante que resuena como nueva y hasta oficialmente en boga, ha tenido un recorrido regular en la historia de la India ancestral, lugar que nos anida como practicantes del Yoga. A la justa instrucción del ahimsa o no-violencia que atraviesa como piedra punzante nuestra práctica (es uno de los cinco yamas citados en los Yoga Sutras de Patanjali; la esencia del Bhakti yoga; una obligación del Hatha Yoga, como aparece en el manual de Hatha Yoga Pradipika), y que apareciera por primera vez citada en el Chandogya Upanishad (siglo VII u VIII a.C), se suponían diversos tratos a los seres vivos. Mas la profunda raíz del hinduismo no centra su atención en la fina gama de diferencias entre los seres de la tierra; arguye en cambio por la tenue verdad que subyace a todas las formas. Así, lo que conocemos comparte en su núcleo la continuidad del Ser, por lo que toda distinción resulta accesoria. Que los seres tomen una u otra forma es secundario y aún ilusorio; una imagen engañosa a la vista del ingenuo Yo que pretende dividir al gran Ser a partir de parcas diferencias. Podemos constatarlo dondequiera pues más allá de las clasificaciones científicas, morfológicas o taxonómicas, cualquier ser busca prácticamente lo mismo para la vida. Todas las formas de vida son manifestaciones de una misma fuente que ha tomado un ser individual (Jiva) para aflorar. Así, todo lo que existe debe ser igualmente respetado por tratarse de un mendrugo más del Brahma que ha dado en cada pequeño ser, su chispa de vida. Brahma proviene de la raíz brh que significa crecer o brotar, marcando así el punto de apertura por donde surgen las criaturas del mundo en movimiento. En las Vedanta Sutras aparece como “el origen, subsistencia y disolución de este mundo”. Desde aquí todo es reconocido como un brote de continuidad y no como una línea de clasificación imaginaria. No hay diferencia entre materia y energía, realidad y sueño, naturaleza y cultura. Lo que nos impide ver esta secuencia en todo lo que vive, lo que nos aleja del Brahma como creación es lo que se conoce en la Vedanta como Nama y Rupa (nombre y forma). Bajo esta clasificación, los seres vivos de este mundo son arrojados al abismo de su apariencia: por su nombre y forma, se han clasificado a los seres con derecho a la vida y a los condenados a perderla, algunos son tratados con delicadeza y otros con desdén, algunos deben ser sacrificados y otros protegidos, unos devorados y otros ensalzados. Si pensamos que todo lo vivo es para nuestro uso, ignoramos el brillo del Brahma.
Comprender que si queremos un cambio en el destino de todos los seres que pueblan esta tierra, debemos empezar por la mirada, para abrazar su esencia más que su aparente forma. Ser realmente “verde” es dejar de considerar a la naturaleza como algo externo, como algo que nos pertenece. Ser “verde” es la encarnación del otro en nosotros mismos. Ser “verde” es ceñir el brote de vida que nos entrelaza a todos por igual.
Antonio Machado decía:
“El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve”
Namasté.
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Una idea para ayudar a los animales:
La experimentación con animales siempre ha sido polémica. Se lleva a cabo con millones de animales que después de sufrir en extensas y crueles pruebas son sacrificados. Sin importar el sufrimiento y temor de los mismos, científicos, médicos y militares desarrollan un sinfín de ensayos bajo poca o nula reglamentación ética. En el rubro de los cosméticos y artículos de limpieza, las pruebas abusivas abundan, por lo que se ofrecerán a continuación las listas formales de consulta para productos “libres de crueldad”:
1.- Guía de la Sociedad Nacional Anti-vivisección (NAVS) de los Estados Unidos de América. Importante banco de información consultable por medio de un motor de búsqueda (por marca, producto etc.): http://www.navs.org/site/PageServer?pagename=ain_pt_whois
2.- Listado completo de productos no probados en animales (Animanaturalis): http://downloads.animanaturalis.org/files/ListaNoProbadosEnAnimales.pdf
3.- Lista de productos no probados en animales (PETA): http://www.caringconsumer.com/pdfs/companiesDontTest.pdf 

4.- Guía extensa de la revista VegFamily (marcas para el hogar que no experimentan en animales (muchas de ellas disponibles en México):
http://www.vegfamily.com/lists/cruelty-free-companies.htm
Además, si tienes un IPhone, puedes bajar la aplicación de PETA sobre este tema, con la lista de compañías que hacen pruebas con animales y aquellas que optan por un manejo ético de sus productos. La encuentras en Apple Store como BNB (Be Nice To Bunnies) o puedes revisarla en la página de PETA (www.peta.org) en el apartado de Companies that Do and that Don’t Test on animals, de la página principal.

Citado en Villoro, Luis. Una Filosofía del silencio: la filosofía de la India, Editorial Verdehalago, México, 1996.