Masculinidad y castidad, en tiempos de Patañjali

Masculinidad y castidad, en tiempos de Patañjali

¿Cómo puedo sentirme más satisfecho con mi vida y con mi sexualidad? Acompáñame a hacerte ésta y otras preguntas.

Hoy quiero reflexionar contigo sobre el Maestro Patañjali y su época. Él ha sido una poderosa influencia para los yoguis de su tiempo hasta la actualidad, por lo que será interesante para todos nosotros conocerle a él y a su tiempo. Mientras lo hacemos, en cursivas expresaré las preguntas que me hago mientras te presento la información, pues cuestionarse a sí mismo es para mí un placer y una necesidad existencial que deseo compartir.

Probablemente te has encontrado con la idea de que el yoga siempre ha estado ligado a prácticas sexuales tántricas, donde se busca la iluminación movilizando la energía mientras se practican distintas formas de encuentros en pareja. Eso puede ser bastante divertido, pero es importante aclarar que no era la idea de Patañjali. El antiguo maestro era un precursor de las prácticas ascéticas más radicales, por lo que es probable que nunca haya tenido relaciones sexuales o que la hayas dejado al momento de comprometerse en su práctica.

Al final de mis días ¿Cómo me sentiré más orgulloso de mí mismo con respecto a mi sexualidad? ¿Habiendo tenido el menor número de parejas sexuales, buscando el vínculo más estable y firme con “el amor de mi vida”? ¿Teniendo el mayor número de encuentros con el mayor número de parejas posible? ¿O acaso yo podría sentirme más satisfecho con mi vida optando por el celibato y dedicando así cada instante consciente de mi ser a alcanzar objetivos trascendentes?

En los históricos Yoga Sutras encontraremos principalmente tres que hablan sobre la castidad: II.30, II.31 y II.38 (puedes consultar la traducción al final de la nota). En el primero, Patañjali enumera los cinco yamas o autorrestricciones que ha de observar el más serio practicante: la no violencia, la honestidad, el no robar, la castidad y el abandono de los bienes materiales. En el segundo, acentúa que dichas autorrestricciones tienen un carácter universal, son las grandes obligaciones que el practicante comprometido de cualquier lugar debería observar y cumplir (para la época, siglos antes del tantrismo y milenios antes de los anticonceptivos, es presumible que la mayor parte de los practicantes espirituales de las distintas corrientes fueran ascetas célibes). Finalmente asegura, en el II.38, que el más firme asentamiento en la práctica del celibato dotará de virya, es decir, energía, vigor, potencia o valor, al practicante.

¿Qué significa para mí ser “un practicante espiritual”? ¿El sólo hecho de practicar asanas al estilo occidental me convierte en uno? ¿Me sentiré más satisfecho con mi vida entre más estricto sea con las restricciones recomendadas por los antiguos maestros?

Ahora, concentrémonos en la palabra sánscrita virya y observemos su paralelismo con el prefijo latín vir, paralelismo que está plenamente justificado ya que el sánscrito es una lengua hermana del latín. El objetivo es profundizar en el significado de la energía obtenida por la castidad.

Virya, como ya mencionamos, se puede traducir como energía, vigor, potencia o valor. La raíz Vir aparece en posturas que seguramente conoces muy bien, como virabhadrasana I, II y III (los tres guerreros) o virasana (postura de meditación hincada). Es cercana también etimológicamente a vajrasana (otra postura de meditación). En sánscrito, vir se relaciona con la identidad masculina, tanto por el guerrero (vira= guerrero) como por distintas imágenes de poder fálico (vajra significa rayo, la espada con que Indra rasgaba las nubes para hacer llover, y el mismo falo).

En latín, Vir significa, directamente, varón. De ahí provienen los términos viril, virilidad, varón y varonil, por ejemplo. Así como en sánscrito el guerrero (vira) está etimológicamente cercano a la energía, el vigor (virya), en latín la palabra vir está curiosamente cercana al término vis (fuerza o potencia, cuyo plural es vires).

La palabra vir en latín deviene en virtud, virtutem. La virtud por antonomasia se consideraba el valor, cualidad que la sociedad tradicional consideró básicamente masculina. De ahí, se extendió como genérico de otras cualidades morales o intelectuales, tanto para hombres como para mujeres.
Por lo anterior, cabe inferir que, para el Yoga Clásico de Patañjali, como para muchas otras corrientes estoicas, la retención del semen y la energía sexual, junto con una férrea disciplina hacia las prácticas espirituales buscase transformar esa energía viril en virya, el valor, la energía y el arrojo propios del guerrero. Podemos profundizar un poco en la experiencia contraria para poder entender mejor a qué se referían.
El extraordinario cansancio producido por múltiples eyaculaciones en un mismo día (experiencia, tiendo a creer, han vivido la mayoría de los hombres gracias al encanto de la mano adolescente) llevó al concepto de que había una conexión entre el semen y la energía masculina, que desgastaba al hombre que la dejaba salir en exceso. De ahí que se asumiera que el practicante que retuviera dicha energía, junto con la reabsorción también de los obsesivos pensamientos sexuales (ese es el significado de la constante iconografía de un practicante de yoga meditando sobre una piel de tigre: el practicante que logra dominar sus deseos e instintos más primordiales), permitiese al practicante un fuerte impulso hacia su máximo objetivo: la iluminación.

Virya era experimentada como la energía viril, que podría haber sido entregada o dispersada en la eyaculación y los pensamientos sexuales, ahora realmacenada tras un largo proceso de continencia y convertida así en una fuerza viril con cualidades vividas como energía, decisión, seguridad, fuerza, valor, etcétera. El varón se hace virtuoso y poderoso al atesorar su Virya, así de fácil.

¿Qué es para mí el “valor”? ¿Experimento yo en mi cuerpo esa sensación de que, entre menos eyaculaciones tenga, más energía y decisión poseo? ¿Me sentiré más satisfecho con mi vida si elijo un objetivo trascendente al cuál dedicaré todos mis esfuerzos, como lo fue la iluminación para los antiguos yoguis?

La palabra Virtud, sin embargo, no se restringió en lo absoluto al mundo de lo masculino. Existe un término que clama un paralelismo sorprendente con el anhelo de Patañjali de ligar la virtud con la castidad, ahora en el mundo femenino: la Virginidad (de Virtute=virtud y Ginos=mujer). La virtud-femenina fue concebida, literalmente, como la falta de contacto sexual de una mujer desde su nacimiento. Sí, los tiempos han cambiado. ¡Qué alivio!

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Yoga Sutras mencionados (traducción del autor)
II.30 ahimsa satya asteya brahmacarya aparigraha yamah – La no-violencia (ahimsa), la honestidad (satya), el no robar (asteya), la castidad (brahmacarya) y el abandono de los bienes materiales (aparigraha) son las autorrestricciones (yama)
II.31 jati desa kala samaya anavacchinnah sarvabhaumah mahavratam – (Los Yamas son) grandes votos (mahavratam), no limitados (anavacchinnah) al tiempo (kala), al linaje (jati) o el lugar (desa); son universales (sarvabhaumah)
II.38 brahmacarya pratisthayam virya labhah – (Cuando el practicante) se halla firmemente establecido (pratisthayam) en la continencia (brahmacarya), obtiene (labhah) gran valor, vigor, energía (virya)