Practicar Yoga verdaderamente

Practicar Yoga verdaderamente

Practicar yoga es mucho más que aquello que hacemos cuando realizamos ásanas (posturas de yoga).
Con frecuencia consideramos que practicamos yoga porque vamos a clases, sin embargo, ya que el yoga es una enseñanza, sólo adquiere la connotación de aprendizaje cuando la hacemos nuestra, cuando la aplicamos a nuestra vida personal. Hoy en día, el formato de clases que ofrecen muchos estudios es el de mensualidad para asistir a clases ilimitadas, lo cual implica que probablemente practicarás con varios maestros a lo largo de la semana y que es improbable que establezcas un vínculo personal con tu maestro. Aunque no hay nada de malo en ello, es necesario mencionar que el yoga, como dijimos anteriormente, debe ser un aprendizaje y que para aprender requerimos profundizar en la enseñanza con un maestro cuya observación detallada de nuestro proceso nos sirva para ir haciendo los ajustes necesarios a nuestra realidad específica. La verdadera práctica empieza cuando ese conocimiento lo llevamos a casa, cuando empezamos a explorar lo que hemos aprendido y establecemos la posibilidad de sentir cómo se adapta lo aprendido a nuestras vidas y cómo la enseñanza contribuye a los equilibrios que yo necesito realizar en mi quehacer cotidiano.
El yoga no puede ser una fórmula mágica con carácter universal. En realidad es una serie de herramientas que se utilizan de muchas maneras, dependiendo de las necesidades u orientación del practicante. El yoga puede convertirse en algo tan esencial para nuestra vida que se vuelve parte de nosotros. La práctica es lo que hacemos para renovar cada día nuestra fuerza, nuestra claridad e inspiración. La práctica, si es completa, nos provee de estabilidad en medio de este mundo cambiante, impredecible e incierto. Nos permite apreciar lo que realmente es valioso en nuestra vida y nos libera del sentido de impotencia. Los dos elementos más importantes de nuestra práctica deben ser: consistencia y reverencia.
La conciencia de que nuestra práctica es un ritual cotidiano al que nos entregamos como si entráramos a un recinto personal sagrado, el cual va cargándose de esa misma connotación a partir de asistir todos los días a ese mismo lugar, quizás incluso a la misma hora. Los constituyentes esenciales de una práctica de yoga son: meditación, pranayama y ásanas; y dependiendo de la tradición que honremos, nuestra práctica puede también incluir algún canto o repetición de mantras.
La tradición de la práctica de yoga nos habla de la importancia de entrar a ese espacio sagrado preparados para ello (habiendo tomado previamente un baño y realizado nuestras prácticas de higiene, utilizando ropa cómoda y adecuada para nuestra práctica). Se recomienda también encender una vela cómo símbolo del reconocimiento que hacemos a sentirnos parte de una cadena de enseñanza, es decir honrando a los maestros que nos anteceden, conscientes de que nuestros logros no son resultado de nuestro ego y que tampoco se los ofreceremos a ese mismo ego, sino a una fuerza superior a nosotros. Nuestra práctica es la oportunidad de obtener claridad, fuerza y sabiduría, pero sobre todo es abrirnos a ser guiados desde adentro. Este es un regalo extraordinario que se nos revela cada vez que realizamos nuestra práctica desde este lugar de conexión. En pocas palabras, es el acto de renovar día a día la conexión a lo mejor de mí mismo.
El cuerpo y la mente están en constante cambio, debido a circunstancias de nuestro entorno, ya sea ambientales, sociales o personales. Desde luego, nuestra dieta y nuestros patrones de pensamiento son factores muy importantes para estos cambios. Por esta razón, la manera en que realizamos nuestra práctica de pranayama y ásana cambia día a día en respuesta a nuestras necesidades. Para poder escuchar nuestra sabiduría interna son necesaria dos cosas:
• La práctica de la meditación, ya que esta abre al maestro interior.
• El conocimiento de los principios de Vinyasa Krama, tal y cómo han sido delineados en las tradiciones de Yoga, Ayurveda y Tantra. Vinyasa Krama es el arte de la aplicación adecuada de técnicas, de acuerdo a nuestras necesidades.
Como ejemplo, y tomando la descripción de Ayurveda, nuestra energía puede encontrarse con influencia de rajas, de tamas o de sattva, dependiendo de cómo dormimos, de que hicimos el día anterior, de que comimos, de nuestros factores de salud, de si viajamos, etc. Incluso el clima, el lugar donde nos encontramos y los ciclos mismos de la luna ejercen influencia sobre nosotros. Si conocemos las técnicas y sus diversas aplicaciones, sabremos de qué manera enfocaremos nuestra práctica. Habrá días que necesitemos realizar prácticas de estabilización, otros días de recuperación; en ocasiones nos enfocaremos en sostener las posturas por tiempos prolongados, otras ocasiones nos entregaremos a mayor fluidez. Resulta muy importante el uso de la respiración ya que fomentar la inhalación contribuye a estimular, mientras que fomentar la exhalación contribuye a la relajación. El gran sabio Patanjali dice en los Sutras que la percepción clara y la maestría de los sentidos es necesaria para poder distinguir entre la naturaleza verdadera del alma y aquello que en la vida es perecedero e intrascendente. Esta distinción se nos revela principalmente por medio del cultivo cotidiano de la meditación.
En el mundo Occidental, las ásanas han adquirido una valor desproporcionado, hasta el punto de que valoramos a los maestros más por sus habilidades físicas que por su calidad moral. Sin embargo, si la práctica física no se acompaña tanto de prácticas más sutiles como del estudio, es difícil acceder al corazón del yoga, y de lo contrario, resulta fácil quedar atrapados en las trampas del ego. La meditación es nuestro mejor aliado para ser guiados desde dentro en nuestro viaje a lo largo de esta, nuestra existencia en este plano de conciencia.