La
siguiente, es una reflexión que surgió de forma espontánea en mí y es producto
de la labor constante de auto corrección que mi misma práctica personal de yoga
me ha orillado a abordar. Mediante la práctica de posturas, respiración y
meditación, es inevitable la observación de nuestro cuerpo y de nuestra mente,
y es a través de la mente que se reflejan nuestros sentimientos más profundos,
quizá almacenados en el subconsciente, pero que son invitados a salir a la
superficie dado el silencio producido.
Estas pequeñas “revelaciones”, que pueden surgir como sensaciones de
incomodidad, duda o corazonada, sólo pueden descifrarse dentro del contexto de
una práctica regular y consistente, ya que así contamos con un marco de
referencia para conocer nuestra mente en relación con nuestra vida cotidiana.
A
continuación, te comparto el producto de una de estas revelaciones, que está
íntimamente relacionada con la etapa que estoy viviendo. ¡Que lo disfrutes!
Nunca
había sentido tal prueba de amor como ahora. Antes, podía decir que “amaba” a mis padres, pero tal
sentimiento podía haber quedado como idea porque siempre recibía algo a cambio:
una comida, un reconocimiento, dinero…
Ahora
que mis padres son mayores, cada vez recibo menos de ellos y, al contrario, más
exigencia de su parte.
Me
pregunto: en todo este tiempo, ¿realmente amé? ¿Realmente existe un amor
subyacente a todos mis gestos como hija?
Hoy
entiendo que aquel amor, existente o no, habría que sacarlo a la luz, pero no
como una acción gratuita, sino mediante un trabajo profundo de absolución de
rencores y perdón genuino. Toma tiempo, requiere de adaptación continua y, al
final del día, se puede vislumbrar si aquel amor existe, y si no es así, carece
de importancia, ya que el proceso de esclarecimiento ya nos hizo crecer y nos
vuelve capaces de posicionar nuestro amor, limpio y transparente, dónde sea.
Una última nota, la auto corrección efectiva
implica una observación en dos sentidos opuestos y simultáneos: hacia nosotros
mismos para captar lo que nuestro interior nos deja ver, pero también hacia el
exterior, dónde nos relacionamos con otros seres y nuestro entorno en general.
Esta última nos refleja de regreso a nosotros mismos. No puede operar una sin
la otra.
Mírate
en silencio, ¿existe alguna sensación indescifrable para ti? ¿podrías asociarla
con alguna situación en tus relaciones interpersonales? ¿sientes alguna
“piedrita en el zapato” que se acciona al pensar en alguna persona en
particular? Quizá no tengas la solución inmediata a lo que te aqueja, pero,
¿acaso no merece la pena lanzarte a la aventura de auto descifrarte?


