Reconociendo nuestra maternidad

Reconociendo nuestra maternidad

La maternidad consciente es un llamado para reconocer y nombrar los desafíos con los que nos enfrentamos a diario cuando intentamos estar presentes: reconocer nuestras propias frustraciones, inseguridades y defectos, incluso nuestros sentimientos más oscuros y destructivos así como las ocasiones en las que nuestros hijos nos hacen sentirnos abrumadas y desarmadas.

Realizar esta tarea de reconocimiento es un gran reto. Y es que, de algún modo u otro, somos producto y prisioneras de los eventos y circunstancias que se dieron en nuestra propia infancia. Puesto que esta moldea considerablemente la forma en la que nos vemos a nosotras mismas y al mundo, nuestras historias moldearán inevitablemente la visión que tengamos sobre nuestros hijos y ‘lo que merecen’, es decir, cómo deberían ser cuidados y educados.

Como madres, tendemos a mantener muy arraigada esta visión de la maternidad, sea la que sea, y de manera inconsciente, como si nos encontráramos bajo un hechizo. Pero solo cuando somos conscientes de una nueva manera de pensar, podemos recurrir a lo que fue de ayuda y positivo en ese entonces, y crecer más allá de esos aspectos que quizás llegaron a ser destructivos y limitantes.

Una parte importante del proceso es vernos a nosotras mismas con amabilidad y compasión. Esto incluye ver y aceptar nuestras limitaciones, nuestros apegos y nuestros fallos, y trabajar con ellos lo mejor que podamos. Siempre podemos empezar de cero, en este mismo instante, incluso en los momentos de mayor desespero. Cada momento es un nuevo comienzo, una nueva oportunidad para sintonizar, abrirse, ver, sentir y conocernos de nuevo y de manera más profunda a nosotras mismas y a nuestros hijos.

El amor por nuestros hijos se expresa en la forma en que nos pasamos el pan en la mesa, en darnos los “buenos días”, en la comprensión que ofrecemos o en los momentos que pasamos a diario con ellos, y no solo con ese viaje a Disneyland París. El amor se expresa dando amor con nuestras acciones. Así que tanto si estamos pasando por un mal momento o por los mejores, en un día concreto o un momento concreto, la calidad de nuestra presencia será determinante para demostrar el amor por nuestros hijos y por nosotras.

La maternidad es  una responsabilidad divina: las mamás somos protectoras, educadoras, guías, compañeras y fuentes de amor y aceptación incondicional. Y si somos capaces de mantener esto en mente y llegar a un grado de conciencia plena durante los años que criemos a nuestros pequeños, nuestras elecciones como madres serán mucho más acertadas y lo más probable es que no solo hagamos lo que es mejor para nuestros hijos sino que también podremos desvelar y conocer, quizás por primera vez, lo mejor y lo más profundo de nosotras mismas.

Por Davinia Velasco