Me familiaricé desde muy joven con la práctica del Yoga, pues mi madre es maestra de Yoga Iyengar y crecí viéndola practicar y dar clases, sin embargo, pasé la mayor parte de mi infancia y adolescencia fascinada con la danza y años después me gradué en danza contemporánea.
Siendo bailarina profesional, volví a acercarme al Yoga como un entrenamiento físico, una herramienta para obtener fuerza y flexibilidad física, pero gradualmente el Yoga se volvió un ancla en mi vida, un lugar donde podía estar conmigo misma, donde no tenía que demostrar nada, donde simplemente podía ser y sentir.
Practicar Yoga y Meditación diariamente, me permite desarrollar un mayor sentido de presencia, volver cada día a conectar con mi esencia, con lo que soy y lo que hay de mejor en mi, independientemente de las circunstancias.
En las Asanas encuentro el silencio y la quietud para conectar, escuchar y hablar desde un lugar honesto, encuentro ese vínculo profundo entre lo fisiológico y lo espiritual, ese equilibrio entre el control y la soltura del cuerpo y de la mente. Es una disciplina que me mantiene en mi eje, me permite crecer como persona y desarrollarme en el mundo.
Yoga, para mi, significa integración conmigo misma y con mi entorno, es ser consciente, observar, en vez de reaccionar sobre los acontecimientos externos.


