Los últimos 18 meses han sido por demás retadores en muchos aspectos, por lo que me he concentrado en hablar sobre la importancia del cuidado del sistema nervioso. Siempre ha sido importante y ahora más que nunca, ya que dadas las condiciones demandantes en las que nos encontramos, nuestro sistema nervioso se puede ver drenado.
El estrés que provoca no poder hacer nuestras antiguas actividades cotidianas, nos ha puesto al límite a todos. Nos hemos cuestionado sobre nuestro trabajo, nuestro rol dentro de la familia, dentro de la empresa en la que trabajamos o la que encabezamos. Sin duda son tiempos de cuestionamiento. Un estrés prolongado de nuestro cuerpo consume varios de sus nutrientes y, por ende, crea situaciones no idóneas en algunos órganos o sistemas.

Para una mejor gestión del sistema nervioso, puedo aconsejar el uso de minerales, vitaminas y adaptógenos, que apoyan a nuestro cuerpo a responder favorablemente a la presión extrema que estamos viviendo.

Recuerden que un buen día puede hacer que logremos una mejor noche. ¿Qué quiero decir con esto? Cuando uno pasa el día en una situación de estrés es poco probable que logremos conciliar el sueño rápidamente o que podamos bajar del estado de alerta que nos esforzamos a sostener para ser “productivos”. Por ello es importante consumir magnesio, complejo B y algunos otros suplementos que nos apoyan durante el día para llegar a ese momento de la noche en el que sugiero iniciar un ritual de “bajada de revoluciones” que nos lleve a tener un sueño reparador.
Los suplementos de noche son adecuados, pero también lo son los rituales. Es decir, así como les creamos a los bebés y a los niños un ambiente idóneo para dormir, así nos lo debemos generar los adultos. Apagar los aparatos electrónicos, bajar la intensidad de la luz, escuchar una música tranquila, elegir un aroma relajante: generar un ambiente especial para propiciar un descanso que efectivamente restaure nuestra energía.

Y seguramente varios de ustedes han escuchado hablar desde hace años sobre la relación determinante entre el intestino, que es nuestro segundo cerebro, y nuestro sistema nervioso. Muchas de las situaciones que vive nuestro sistema nervioso provienen de la salud del intestino o del sistema digestivo en general.
Comer sano, una buena digestión y una microbiota equilibrada tienen injerencia en la posibilidad de absorber adecuadamente los nutrientes y la infinidad de sustancias que regulan el sistema nervioso y, por lo tanto, nuestros niveles de estrés.

Recordemos que la microbiota es la comunidad de microorganismos que viven en nuestro hábitat intestinal y afectan el funcionamiento de todo el organismo. La ingesta de probióticos y prebióticos es de especial importancia para favorecer su correcto desempeño. También es importante consumir suficiente fibra derivada de verduras y frutas, así como una hidratación correcta. ¡Mucha gente aún se sorprende con esta información!

Somos lo que comemos, lo que pensamos y lo que sentimos y todo en conjunto impacta en nuestro estado de ánimo. Si quieres saber más sobre este tema podemos hacer una sesión personalizada para que te lleves “el traje a tu medida”. Vale la pena cuidarnos y comprender que ahora, más que nunca, la prevención es el camino más próximo a tener una salud vibrante.

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