Somos nuestra mejor compañía ¡Acompañémonos bien!

Somos nuestra mejor compañía ¡Acompañémonos bien!

Hace un par de semanas, visité Turquía, uno de los países que más me ha deleitado. Fui por trabajo y aproveché para quedarme una semana más así que estuve 14 días en Estambul, una de las ciudades principales, el puente entre Asía y Europa.

Su riqueza cultural e histórica es impresionante, así como sus calles llenas de librerías y sus callejones con cafés, restaurantes y comercios que abren las 24 horas del día.

Se mezclan con esa religiosidad del pueblo musulmán cuya presencia es constante no solo por las hermosas mezquitas que están por doquier sino por el llamado a la oración que resuena en toda la ciudad tres veces al día.

Profesionalmente fue también una de las experiencias más gratificantes porque me permitió conocer otros mercados y estrategias de una industria editorial que supera, con creces, lo que ocurre de este lado del mundo.

Así pues, a mi regreso de un sueño idílico hecho realidad y tras 29 horas de vuelo, en México me doy cuenta que una de mis tarjetas bancarias fue clonada y que utilizaron los recursos que tenía destinados para efectuar varios pagos.

Luego, Chester, mi bóxer de siete años, presentó una inflamación en uno de sus ganglios que me angustió al pensar que se trataba de un tumor cancerígeno, que es común en estas razas así que tuvimos que operarlo para descartar cualquier situación que pusiese en riesgo su salud.

Este golpe fuerte de regreso a la realidad, me hizo reflexionar sobre lo que la filosofía del yoga enseña acerca de la dualidad de la vida. La naturaleza de todo lo que existe está en constante cambio.

Existen tres cualidades siempre presentes que se denominan gunas y que se expresan como luminosidad o estado sátvico, letargo o estado tamásico y agitación o estado rajásico. Es fácil identificarlas.

Solo contempla que hay mañanas en los que te despiertas con gran claridad para tomar decisiones, otros días te sientes pesado, depresivo y falto de energía o, en ocasiones experimentas una gran agitación, con ansiedad y desesperación por hacer una gran cantidad de actividades.

El ideal es establecernos en un punto medio: ni una apatía desmedida ni una agitación desbordada.

 

Estas tres cualidades de la naturaleza, originan los pares de opuestos que van de la luz a la oscuridad, de la noche al día, de la alegría a la tristeza, de la vitalidad al cansancio, etcétera.

En India, los pares de opuestos son evidentes constantemente y llega un momento en el que nos convertimos en testigos de este juego de manifestaciones cambiantes.

Así pues, a lo largo de la vida, nos tocará navegar por aguas tranquilas y gratificantes, pero también habrá que maniobrar ante las tormentas y las grandes olas que amenazan nuestra estabilidad.

Meditar y realizar nuestras prácticas en los momentos pacíficos es esencial porque nos preparamos para los grandes desafíos que nos sacan de nuestra zona de confort.

Así que es importante:

 

1. Nunca abandonar tu práctica cotidiana. Un día sin meditar, contemplar o ejercitarte es un día perdido.

2. Aprende a ser el testigo de tu propia transformación. ¿Qué necesitas? ¿Qué debes trabajar para ser la mejor versión de ti mismo? Elige aquello que te permita establecerte en ese estado luminoso, de una mente clara.

3. Enfócate en aquello que quieres erradicar o mejorar en tu vida. Si has decidido, por ejemplo, que es la disciplina, mantente alerta, con una mente receptiva. Nunca sabes como las enseñanzas se presentarán ante ti.

4. Eres tu mejor compañía. Con una mente clara, luminosa e intuitiva, tomaremos mejores decisiones. Al final, los únicos que establecemos una relación con este mundo cambiante somos nosotros. Si esperamos a que nos rescaten, viviremos en una dependencia que solo nos traerá decepción y sufrimiento.

5. Cuando el miedo me había imposibilitado al pensar en la posibilidad de que Chester tuviera cáncer, me topé con una amiga en la calle que me dijo: “Vamos, tienes que llevarlo al veterinario ya, no esperes, aquí tengo uno que no es caro y son de lo mejor. Es más, diles que vas de mi parte”.

Ese encuentro me dio tranquilidad y fue la mejor decisión que tomé. Por eso es importante cultivar la buena compañía. Nunca sabes cuando se manifestaran los frutos.

Y finalmente, con un corazón abierto resultado de una mente luminosa, descubriremos que nunca estamos solos, incluso en los momentos de mayor oscuridad.

Por Daniel Mesino